lunes, enero 30, 2006

Inmigración

El otro día cenando con unos amigos tuvimos una charla sobre la inmigración en España y, más concretamente, en la Región de Murcia. Algunos de mis amigos, entre ellos el ya famoso liberal-reformista de centro-derecha, sostenían que los inmigrantes Ecuatorianos sólo tienen que montarse en un avión a Barajas y decir que están de viaje para entrar en España y luego quedarse. Yo no soy ningún experto en este tema, pero mi opinión fue que eso era antes y que desde hace ya algunos años esto ya no es así.

Este informe del Real Instituto Elcano incluye el siguiente párrafo:

Un claro ejemplo del modo en que las políticas pueden distorsionar las tendencias migratorias subyacentes lo proporciona el modo en que ha evolucionado el flujo migratorio de Ecuador a España en respuesta a pequeños cambios en la legislación. Dicho flujo aumentó bruscamente entre 2000 y 2002 pero, tras la introducción de una nueva normativa de visados impulsada por la UE a mediados de 2003, el flujo de inmigrantes procedentes de Ecuador se redujo a una mínima parte del flujo de años anteriores. Este descenso fue un resultado directo de la nueva normativa en materia de visados, ya que no es probable que hubiesen cambiado ni los macroincentivos ni los microincentivos para emigrar de Ecuador a España en el momento de su introducción. Sencillamente, la nueva normativa hizo que resultase mucho más difícil emigrar a España desde Ecuador, aun cuando los incentivos para emigrar siguiesen siendo los mismos.

El cambio de legislación que se menciona, que entró en vigor el 1 de Junio de 2003, puede verse en esta página de la UE. Un fragmento:
Finalmente, el Reglamento (CE) nº 453/2003 del Consejo, de 6 de marzo de 2003, modificó el Reglamento (CE) nº 539/2001 para incluir a Ecuador en la lista de los terceros países cuyos nacionales están sometidos a la obligación de visado.

Mis amigos enfatizaron su argumento basándose en que ellos trabajan en sectores en los que tienen más contacto con inmigrantes. Lo curioso de todo esto es que yo mismo soy (y ya es la segunda vez) un emigrante: sé lo que es hacer la cola para conseguir un permiso de residencia, que sólo me concedían si tenía un contrato de trabajo; ha ido la policía a mi casa para comprobar que mi domicilio es correcto y que realmente vivo allí; me he metido en peleas en bares por la noche por el mero hecho de ser un extranjero que no hablaba (todavía) el idioma local.

Pero supongo que esa es otra historia, porque yo ahora no soy un verdadero emigrante: ahora soy un expat (un expatriado). Un VIP. He tenido mucha suerte. Nací en un país en el que la gente ya no tiene necesidad de emigrar.

1 comentario

Anónimo dijo el 20/1/07 8:59 p. m.

La cosa es así: entras en España, aguantas el tirón dos años de mierda, te acojes a la siguiente regularización. En tres o cuatro años inicias el trámite de doble nacionalidad. Como ya llevas dos años, en meses lo tienes (o quizás algo más de un año). Como ya eres español (tras cinco años en total en el país o MENOS) puedes traerte a TODA tu familia, con esa política de reagrupación tan racional que es precisamente la que ha impedido la integración en Francia o Alemania. Esos familiares a su vez se irán nacionalizando y vuelta a empezar.

Muy difícil, ¿eh?

Para informarse:

http://www.espacioblog.com/holocausto_demografico/post/2006/11/05/aexiste-nacionalidad-espanola-

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